Ahora, Israel y Corea del Sur empiezan una fuerte carrera robótica. Para muchos será como reeditar una de las películas de Terminator
La robótica es el camino hacia el futuro. Pero eso no significa que se utilicen para lograr la apreciada -y por menos, utópica- paz mundial. En Israel y Corea del Sur, los científicos ya piensan en
reemplazar a los soldados por robots, quienes se convertirán en los protagonistas de los campos de batalla.
“Mi hipótesis es que los robots inteligentes pueden tener un mejor comportamiento ético en el campo de batalla del que actualmente son capaces los humanos”, indicó Ronald C. Arkin, ingeniero en computación del Tecnológico de Georgia, quien desarrolla software para robots de combate bajo un contrato con el ejército.
Sondas robóticas, detectores de minas y sensores son ya comunes en el campo de batalla, pero son controlados por humanos. Muchos de los artefactos en Irak y Afganistán son operados desde un comando en Nevada (Estados Unidos).
Pero Arkin habla de robots verdaderos operando en forma autónoma, por sí mismos. El y otros científicos señalan que la tecnología para construir robots autónomos letales es barata y está proliferando, y que la aparición de estos androides en el campo de batalla es sólo cuestión de tiempo.
Noel Sharkey, especialista en computación de la Universidad de Sheffield en Gran Bretaña, escribió el año pasado en una revista especializada que “no se trata de ciencia ficción estilo Terminator sino de una triste realidad”. Y agregó: “Corea del Sur e Israel se encuentran entre los países que ya están desplegando guardias fronterizos robotizados. Hay una carrera por desarrollar robots de combate que tomen sus propias decisiones sobre cuándo atacar”.
Randy Zachery, titular de la dirección de Ciencia Informática de la Oficina de Investigación del Ejército, que financia el trabajo de Arkin, dijo que el Ejército espera que esta “ciencia básica” muestre cómo los soldados humanos pueden usar e interactuar con sistemas autónomos y cómo podría desarrollarse un software para “permitir que sistemas autónomos operen dentro de los límites impuestos por el combatiente”.
En un reporte entregado al ejército el año pasado, Arkin indicó que los robots podrían ser diseñados para carecer de instinto de supervivencia y, en consecuencia, de tendencias a hundirse en el temor. Pueden ser construidos sin ira ni imprudencia, agregó. Los robots podrían ser “asistentes de combate” que realicen las labores más peligrosas.
Pero antes tendrían que ser programados con reglas acerca de cuándo es aceptable hacer disparos y en relación con metas más complicadas y emocionales, como distinguir a civiles, heridos o a alguien que se está rindiendo.