Robots para envasar naranjas

Robots para envasar naranjas

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Si el precio final de la naranja -o de cualquier otra fruta- no sube en consonancia con los gastos necesarios para producirla y llevarla ante el consumidor, una de dos, o se lucha incesantemente para intentar mantener una mínima competitividad o la actividad acaba en pérdidas. La situación se agrava cuando la competencia de otros países cuenta con costes muy inferiores, especialmente en cuanto a la mano de obra.

Por esto la mayor parte de las actividades agrícolas de hoy día en los países desarrollados tienden a mecanizarse al máximo, lo que implica ahorrar todo lo que se pueda en costes laborales, que es lo que encarece unos procesos con márgenes económicos muy ajustados. Y lo que más automatizado se encuentra es todo lo relacionado con las fases de selección, preparación, empaquetado, etiquetado y expedición de los productos en las instalaciones industriales, donde se les aporta la transformación final para llegar ante el consumidor.

Ver hoy las evoluciones de un moderno gran almacén de selección y envasado de naranjas y mandarinas, por ejemplo, es asistir a un auténtico espectáculo de automatismos y maquinaria insólita que poco puede imaginarse desde el exterior. Y además, estas instalaciones se encuentran en permanente renovación, casi de un año para otro, porque de eso depende su viabilidad. Nada que ver con aquellas vetustas instalaciones con precarias máquinas y muchos empleados en la manipulación de la fruta, y mucho menos con esas viejas fotos de los años 30 o 40 que nos muestran montones de naranjas y de paja, cajas enormes y mujeres sentadas en el suelo, abrillantando los frutos a mano.

Pues lo último en mecanización citrícola, o de cualquier otro sector hortofrutícola, es la introducción de la robótica, con tecnología igual que la de las modernas factorías automovilísticas.

Una empresa valenciana, Serfruit, radicada en Náquera, trabaja desde hace 16 años en la mecanización de almacenes naranjeros, que hoy son auténticas factorías con los últimos avances. Pero como la automatización de las máquinas tradicionales tiene sus limitaciones y avances continuos dejan obsoletos a menudo modelos adquiridos hace poco, esta empresa ha decidido introducir robots en las líneas de selección y confección de cítricos.

Según han explicado a LAS PROVINCIAS Vicente Tamarit, director comercial de la firma, y José Llora, responsable de la misma para las provincias de Valencia y Castellón, los robots los fabrica la industria alemana Kuka, la misma fabricante de más de un millar de estas máquinas que trabajan en la factoría Ford de Almussafes. Lo que hace Serfruit es aplicar a cada robot las herramientas ajustadas para cada tarea que se le encomienda (pinzas para coger o apilar cajas, paletas para situar los frutos, ventosas para recogerlos y colocarlos en cajas, dispositivos para encuadrar y paletizar los envases, etc.)

La empresa fue fundada por José Ramón Mesado y Manuel García Portillo, dueño de la firma de post cosecha Tecnidex y presidente de la feria Euroagro. Ambos eran socios en las dos empresas pero decidieron separarse y quedó cada uno al frente de una de ellas.

Tamarit y Llora indican que Mesado "ha impreso en la firma una clara vocación de innovar continuamente, con la premisa de que siempre hay que ofrecer algo distinto que la competencia para poder diferenciarse y avanzar". Fruto de esa idea constante es una política empresarial de "aportar soluciones novedosas para mejorar los procesos y reducir costes, el permanente caballo de batalla".

Con los robots se facilita "que una misma máquina pueda tener innumerables aplicaciones y funciones, depende de las herramientas que le coloques y cómo lo programes". Vicente Tamarit, que durante años ha vendido máquinas de Serfruit en Australia y Chile, no se arredra ante el gran salto que está dando la empresa y remarca "la gran versatilidad de los robots y lo fáciles que son de manejar cuando se conoce lo necesario sobre ellos".

José Llora, curtido también en una larga trayectoria de dedicación al sector hortofrutícola desde distintas ocupaciones, ratifica que "cualquier persona con una mínima formación aprende enseguida a controlar un robot, porque es sencillo; en muchos casos basta una mañana de explicaciones para adiestrarse en ello, y la ventaja es que una sola persona puede controlar varios robots y que cada uno de ellos puede estar haciendo más de una cosa a la vez, depende del diseño del entorno donde evolucione y del programa informático".

Gracias a la industria de coches, los robots se han abaratado mucho. Hace diez años podía costar uno alrededor de 300.000 euros; hoy, sobre 30.000, y eso permite que puedan utilizarse en actividades donde antes era impensable. De hecho, junto a modernos almacenes naranjeros, como el próximo de Coagri en Alginet, Serfruit proyecta también extender el uso de robots en otros sectores alimentarios y, en general, donde se necesita realizar tareas repetitivas, de precisión y que ahora tienen costes altos.

Las Provincias

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